Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los "cómos" (Friedrich Nietzsche)
Cuando Adara volvió en sí, la envolvieron la calidez y la ligereza. Le pesaban las pestañas. Pero se obligó a abrir los ojos.
Estaba tumbada en una cama pequeña.
No le sonaba la habitación, pero no era incómoda.
—¡Миссис, estás despierta!—escuchó un susurro casi llegando a ser voz alta.
Miró a su alrededor y vio a Meredith parada a un lado de la cama junto a la pelirroja, Clara.
Sonrió cuando vio