Capítulo 21. Un plan en la brisa
Ivy Cross
El desayuno estaba servido en la terraza, con una vista que se perdía en el mar, tan azul y perfecto que casi dolía mirarlo.
Pero yo no veía el mar.
Solo sentía el ardor en mi cuerpo, el recuerdo de sus manos aferrándose a mi piel, la presión de su respiración mezclándose con la mía, la forma en que mi espalda todavía protestaba cada vez que movía un músculo.
Me senté despacio, sosteniéndome en el borde de la mesa, como si cada centímetro de mi cuerpo gritara que estaba viva.
Demasiad