Capítulo 20. Entre el cielo y el abismo
Alejandro Cross
La observo desde el rincón, el único lugar donde me siento capaz de contenerme.
Su respiración pausada llena el cuarto como un maldito canto hipnótico. El cabello negro, largo y ondulado, cubre la almohada como un manto oscuro, etéreo. Incluso dormida parece un maldito enigma, algo que nadie —excepto yo— puede descifrar.
Anoche…
Mierda.
La forma en que gritó mi nombre, la forma en que se quebró y se aferró a mí como si fuera su única salvación… Me quema la mente. Me quema el cue