Capítulo 23. Hogar, dulce infierno
Alejandro Cross
El peso me despertó, pero no fue un golpe directo. Fue un peso suave, casi provisional, como si el cuerpo de Ivy se apoyara en mí para asegurarse de que el mundo seguía en pie cuando sus ojos se cierran. No fue brusco. No fue incómodo. Fue cálido.
Ivy estaba sobre mí. Dormida. Literalmente dormida, con la frente reposando contra mi hombro, el cabello ligeramente desordenado que dejaba una estela de perfume a algo frutal y algo más antiguo, una mezcla que se pega a la ropa de com