Capítulo 83
El resto del domingo pasó en una burbuja suave y lenta. No hubo más que besos, muchos besos, caricias perezosas sobre la ropa, risas bajas y siestas enredados en el sofá. No cruzamos ninguna línea nueva. No hacía falta. Lo que habíamos hablado en la cocina ya pesaba más que cualquier urgencia física