—No —murmuró—. Eres exactamente igual a tu padre.
El aire desapareció. Literalmente desapareció
Sentí cómo el silencio se volvía más pesado que nunca.
—No vuelvas a decir eso —dijo Sebastián, muy despacio, pero con una tensión brutal en la voz.
—¿Por qué? —respondió Artur, sin inmutarse—. ¿P