—Gracias por recibirnos —murmuró.
—Esta es tu casa también cuando quieras —respondió ella sin dudar—. Los dos. Ahora entren, que hace fresco y tengo la cena casi lista.
Dentro todo olía a guiso y a leña. La mesa estaba puesta con el mantel de cuadros que recordaba de siempre. Mi madre no hizo pregun