Capítulo 20
El coche de Sebastián estaba estacionado justo frente al portal, negro, reluciente, con ese aire discreto pero caro que todo lo que él conducía parecía tener. No era uno de esos deportivos chillones; era un sedán elegante, silencioso, del tipo que no grita riqueza sino que la susurra. Abrió la puert