—Gracias —murmuré—. De verdad.
Desayunamos en silencio casi todo el tiempo. Ella me explicaba los pros y contras de cada estrategia mientras yo apenas probaba bocado. Mi mente no dejaba de volar hacia Lisboa. ¿Qué estaría haciendo Sebastián en ese preciso momento? ¿Habría encontrado ya a su padre? ¿