El cuarto día decidí que ya estaba bien de lamentos.
Me levanté antes del amanecer, con los ojos aún hinchados pero la mandíbula apretada. Me miré en el espejo del baño y me repetí en voz baja, hoy no. Hoy trabajas, Chloe. Hoy eres la que lleva casi cuatro años siendo una secretaria, no la esposa e