Nada más cerrar la puerta, Sebastián dejó las maletas en el suelo y se giró hacia mí con esa expresión seria que empezaba a conocer demasiado bien.
—Chloe, siéntate un momento. Quiero hablar contigo de algo importante.
Me quité los zapatos y me senté en el sofá, un poco alerta. Él se sentó frente