No dibujé nada bonito. Solo líneas rabiosas, garabatos negros que ocupaban toda la hoja. Rasgaba el papel con fuerza. Cuando se me acabó el espacio, empecé otra hoja. Y otra. Hasta que el lápiz se rompió.
Lo tiré al suelo.
Me quedé mirando los trozos.
Y entonces, por primera vez desde que habpia pas