Respiré hondo. Sentí que algo dentro de mí se rompía, como un dique que ya no aguantaba más presión.
—¿Sabes qué? —dije, y mi voz salió más alta de lo que esperaba—. Tienes razón. Hoy decidí que podía esfumarme. Porque anoche llegaste a casa con Laura. Con Laura en tu coche. Con Laura dejándote un