El nombre me cayó como un balde de agua fría y caliente al mismo tiempo. Me quedé quieta, procesándolo.
—¿Sebastián… le pidió que viniera?
—Insistió, más bien. Me dijo que era el padre de su esposa. Que no escatimara en nada. Que moviera lo que hiciera falta. Y aquí estoy.
No supe qué decir. Sentí c