Las clases con Marc se convirtieron en el centro de mi semana. Lunes, miércoles y viernes, de 17:00 a 20:00 en punto. Tres horas intensas que pasaban volando. Salía de Blackwood Tech a las 16:45 como mucho, Sebastián me dejaba en la puerta del estudio y yo entraba corriendo con el iPad ya encendido, lista para el warm-up que Marc hacía siempre a las 17:05. No llegaba tarde nunca. No quería perderme ni un segundo.
Los martes y jueves eran para recuperar el aliento y adelantar lo de la oficina. M