GRACIAS
El coche avanza en silencio. Estoy acurrucada contra la ventanilla, la chaqueta de Ézran sobre los hombros, impregnada de su perfume que, por primera vez esta noche, no me hace daño. Es una armadura contra la noche. Miro las luces de la ciudad desfilar, borrosas, como un mal sueño que se desvanece.
Esperaba que volviéramos a ese apartamento moderno y frío, lleno de las sombras de su pasado. Pero cuando el coche se detiene, no es ante la torre de cristal que conozco. Estamos ante una cas