GRACIAS
Una señal.
Esa palabra da vueltas en mi cabeza, chocando contra los muros de mi miedo. Una señal. Algo pequeño, sencillo, que dijera más que todos los discursos.
Mis ojos están clavados en su silueta, allá lejos. No se ha movido. Es una estatua de paciencia y determinación en la noche. Espera. Respeta mi espacio, mi dolor, mi caos interior. Y es eso, más que nada, lo que derrite el último baluarte de hielo alrededor de mi corazón.
No fuerza nada. Lucha quedándose inmóvil. Gana aceptando