Capítulo 86
Subí a la habitación de Ana con el corazón roto y el cuerpo todavía adolorido por el parto. Empujé la puerta despacio. La niña estaba sentada en la cama, abrazando una almohada contra el pecho, con los ojos rojos y la cara hinchada de tanto llorar.
—Hola, cariño… —dije en voz baja, acercándome con cuidado, intentando sonreír aunque por dentro estaba temblando—. ¿Puedo sentarme contigo?
Ella negó con la cabeza de inmediato, apretando más la almohada y apartando la mirada, como si mi