03: ayuda

La noche había llegado y Mariano se había arreglado con un traje, color vino y camisa blanca, tenía la camisa media abrochada, se había puesto demasiado varonil.

Carina tenía miedo, ella sabía que iban a salir de fiesta y eso le aterraba, aunque el corazón de Mariano la recordara, su cerebro no lo hacía. Pero el miedo que se penetraba por sus venas no podía negarlo. Sabía que Giovanni iba a ir y tal vez él podía evitar que Mariano la fuera infiel.

Mariano bajó las escaleras y sus amigos y hermano estaban ahí arreglados como iba él, se acercó a ellos y Carina le miró de arriba abajo.

«Eres hermoso.» pensó ella.

Mariano la miró y no pudo evitar esa sensación de pena y amargura, sabía que ella se ponía mal al verle tan distante, pero él no quería ilusionarla.

Giovanni se acercó a su cuñada y se acercó a su oído.

—No dejaré que te sea infiel. —la susurró en el oído, ella se apartó, le sonrió y le abrazó.

Los chicos salieron de la mansión para ir al club de Orlando, Giovanni no iba a dejar que su hermano cometiera una locura y no le iba a quitar los ojos de encima.

Cuando llegaron al club, la música ya se escuchaba desde fuera, todos entraron ante las miradas de la chicas. Entraron y fueron a la zona reservada.

Una chica semi-desnuda se acercó a ellos y les puso las botellas y los vasos y ellos empezaron a beber.

Las horas pasaban y todos estaban ebrios, menos Giovanni que desde que fue padre dejó de beber. Una chica se acercó a los chicos, pero Mariano le llamó más la atención, ella le sonrió y se acercó a él.

Giovanni miró a la chica con odio y Mariano la miraba con admiración.

—Ciao, guapo. —dijo la chica pasando sus manos por la chaqueta del italiano.

—Ciao, cara. — respondió Mariano con coquetería.

—Está casado. —interrumpió Giovanni Serio, eso llamó la atención de Mariano que estaba incrédulo. —Esfúmate.

—¡¿Qué cojones estás diciendo!? — preguntó con los dientes apretados.

—Eso lo sabrás después. — la chica se alejó, Mariano miró a su hermano con cara de muchas preguntas.

Todos se fueron a la oficina de Orlando, un oficina que tenía en el club. Se encerraron y Mariano necesitaba respuestas y muchas.

—Ahora, explícame. —dijo tajante.

—No te he dejado acostarte con ella, porque sé, que en un futuro, te ibas arrepentir. —siseó Giovanni.

—¡Qué cojones dices! —exclamó levantándose. —¿Por qué iba arrepentirme?

—Eso lo sabrás, cuándo tú cerebros olvidadizo empiece a recordar. — dijo furioso. —Pero si quieres follar con esa chica, ¡Adelante! Pero luego cuándo tú cerebro recuerde, no me vengas llorando. —salió de la oficina dando un portazo.

—¿Qué mierdas le pasa? — le preguntó a sus amigos

—Eso lo debes descubrir tú. —respondió Franco y saliendo todos de allí, dejando a Mariano solo con la cabeza hecha un lío.

«¿Casado? ¿Estoy Casado?» se preguntó así mismo.

La noche había acabado mal, la cabeza de mariano daba vueltas y vueltas, en el sentido de que él estuviera casado, no podría ser cierto. Su hermano tendría que estar de coña.

Estuvo callado, sin hablar en todo el trayecto a casa. Cuándo llegaron Mariano bajó del auto sin abrir la boca, entró a la casa y subió las escaleras y se encerró en su habitación.

Necesitaba tener la cabeza tranquila y no pensar en nada, pero le era imposible. «¿Cómo podría estar casado y no recordarla?» se exclamó el mismo. «¿Quién es mi esposa?»

Mariano tenía demasiadas preguntas y no tenía respuestas, todo le tenía confuso, se estaba agobiando. Se fue hasta el balcón y respiró hondo, el aire de la madrugada donde el cielo se estaba poniendo azul claro y el sol empezaba a salir.

La cabeza le estaba empezando a doler, posó su mano en la cabeza y cerró sus ojos con fuerza.

—Eres maravillosa (...) Eres todo para mí (...) Feliz aniversario (...) Cásate conmigo, se mi esposa (...) Ti amo (...) Ti amo (...) Ti amo...

El dolor fue aumentando, empezó a gritar con furia. La puerta fue abierta con brusquedad y por ella entró Giovanni y los demás. Giovanni al verle de rodillas en el suelo, sujetándose la cabeza, corrió hacia su hermano.

—¿Qué te pasa? —dijo preocupado y no obtuvo respuesta. —Mariano, contestame ¿Qué pasa?

—He recordado algo. — habló con la voz rasposa. —Tenías razón, a alguien le pedí matrimonio.

—Poco a poco sabrás quien es ella. —dijo Orlando acercándose.

—Decidme quién es mi esposa. — exigió esta vez levantando la cabeza y mirando a sus amigos.

—No podemos, que ella te lo diga. —habló Maurizio. —Solo te diremos que no la reclames, de el porqué no te dijo nada, ella lo hizo por tu bien.

—¿Por mi bien? — repitió con una sonrisa forzada. —¿Sabes lo qué ha podido pasar esta noche? ¡Casi la soy infiel!

Todos entendieron la reacción de Mariano, pero que no recordara a su esposa a él le enfurecía más. Todo para él era nuevo, raro y extraño. Pero tenía que averiguar quién es su misteriosa esposa.

—Llamaremos al doctor. — habló Enzo, Mariano negó. —Sé que si te mira, te irá bien.

—No quiero ver a nadie, me tomaré la pastilla, me echaré a dormir y luego estaré como nuevo. —exclamó levantándose del suelo, sus amigos le miraban sin entender esa reacción. —¡Vamos, marchaos!

Se miraron unos a otros y salieron de la habitación, dejándole solo. Cuando Mariano se quedó solo, se acercó a la mesita de noche y cogió la caja de pastillas, cogió una pastilla y se la metió en la boca, se bebió el vaso de agua. Se desvistió quedándose en boxer y se echó en la cama, boca arriba mirando el techo.

—Te voy a encontrar, esposa mía. —susurró para el mismo. Cerró sus ojos y quedó dormido.

************

Mariano abrió sus ojos y la luz del sol penetraba sus ojos, y abrió un solo ojo, miró el reloj de la mesita de noche y marcaba las cinco de la tarde. Había dormido bastante, más o menos. Restregó sus manos por sus ojos. Llamaron a la puerta y él dio el "pase" la puerta se abrió y por ella entró Carina.

Mariano la miró de arriba abajo, ella llevaba puesto un pantalón rasgado y camisa de manga larga. Se acercó a Mariano con una bandeja y lo dejó encima la cama, ella iba a irse pero el brazo de su esposo la detuvo. Ella tragó duro, sentir su toque la intimidaba, la hacia sentirse frágil.

—No te vayas. — suplicó él. —Necesito hablar con alguien. — ella suspiró hondo y se sentó en el borde de la cama.

—¿Cómo te sientes? — preguntó ella nerviosa.

—Mejor, grazie. — sonrió. —Pero veo que eres la única que se preocupa por mi. —ella negó.

—Todos los preocupamos por ti. — corrigió Carina.

—¿Sabes quién es mi esposa? —soltó de golpe, ella abrió sus ojos como platos, jamás espero esa pregunta.

—¿Qué pasa si te enteras quién es tu esposa? — respondió con otra pregunta.

—Saber porque me lo ocultó y no me fue sincera desde el principio. — respondió él.

—Tal vez la tengas más cerca de lo que crees. — susurró ella, él entrecerró sus ojos y visualizó sus palabras. —¿Qué dirás cuando la veas?

—Pues encontrarla y después... —se calló unos segundos, él sospechaba de ella. —Y pedirla el divorcio. —Carina casi se atraganta con su propia saliva, sus ojos me humedecieron.

—Tengo que irme, desayuna. — salió de la habitación y Mariano no entendió nada.

Carina con sus ojos llenos de lágrimas, se encerró en el cuarto, necesitaba desahogarse llorar y calmar está m*****a pesadilla. Necesitaba a sus padres, sus abrazos y sus buenos consejos. Necesitaba que todo fuera una pesadilla un mal sueño del que iba a despertar y todo iba ser como antes, que su esposo iba a estar a su lado y a llenarla de mimos y amor.

Pero tampoco se iba a engañar, todo era cierto como la vida misma, él no la recordaba, quería el divorcio y cada vez iba de mal en peor.

Después de estar llorando durante una hora, salió de la habitación y fue al salón, donde Carlotta estaba con el pequeño Mariano jugando en la alfombra. Donde ambos reían.

Carina se acercó y sonrió al bebé, el bebé solo hacia pedorretas y reía. Carina jamás pudo imaginar a Giovanni siendo padre y cambiando pañales.

—¿Cómo está Mariano? — preguntó Carlotta cuando vio a Carina.

—Más o menos, pero lo que me duele es el alma y le estoy perdiendo. — las lágrimas se hicieron presentes, Carlotta se levantó del suelo y se puso a su lado.

—Él te va a recordar, ten paciencia. —Carina negó.

—Él sabe que está casado, pero no sabe con quién. ¿Sabes lo qué ha dicho? —Carlotta negó. —Que me iba a pedir el divorcio, cuando recordara a su mujer.

Carlotta la abrazó con mucho cariño, ver a Carina de esa forma la partía el alma. Siempre la vio alegre y feliz con Mariano, un matrimonio envidioso. Pero todo había cambiado.

—Puedo hablar con él. —dijo Carlotta, Carina limpio sus lágrimas. —Hablaré con él y veré qué puedo hacer. Tu no te rindas y sigue enamorándole.

***********

Mariano estaba en el despacho junto a Giovanni y sus amigos. Por muchas preguntas que le hiciera a ellos siempre era las mismas. "Ya lo sabrás" así que desde hace unas horas decidió averiguar quién era su esposa. ¿La pediría el divorcio? Tal vez si, tal vez no.

Llamaron a la puerta y Carlotta entró con el niño en brazos, Giovanni al ver a su prometida y a su hijo sonrió y se levantó de la silla, se acercó a ellos y cogió a su hijo.

—Ciao, bambino. —dijo Giovanni a su pequeño.

—Amore ¿Pueden dejarme a solas con Mariano, per favore? — Giovanni la miró sin entender, pero asintió.

Giovanni le dio un beso en los labios y salió de allí, sus amigos también salieron y Carlotta y Mariano se quedaron solos.

—¿Cómo está? —preguntó ella acercándose a su cuñado.

—Bien, ¿Tú cómo estás? —ella sonrió.

—Bien, pero vengo por otra cosa. —él la miró. —¿Qué quieres saber?

—Quién es mi esposa. —respondió.—Pero nadie me da respuestas

—Yo no te las diré, pero si te daré el contacto de alguien que si te dirá todo. — Mariano la miró y sonrió. —Se llama Adolfo Herrera, es el cura que os caso, está en Milán.

—¿Él me dirá? — Carlotta asintió. —Perfecto, iré.

—Solo te pido que cuando lo descubras no la dejes, que hables con ella, si no me decepcionarás mucho. — Mariano se levantó y la abrazó.

—Prometo buscarla y hablar con ella. — Carlotta sonrió y salió del despacho feliz.

Por fin había alguien en la casa que le iba ayudar, no dándole una respuesta, pero si una pista. Una pista que era muy buena, el cura que le casó puede decirle quién era sus esposa y a quién le dio el "sí, quiero."

Con un orgullo enorme y una sonrisa como el gato de Alicia en el país de las maravillas. Salió del despacho, caminó hasta el salón y todos estaban ahí, Carlotta miró a su cuñado y Mariano a ella y ambos sonrieron. Mariano se unió a ellos y cenaron como una familia.

Mariano tenía que irse a Milán sin que nadie lo supiera y Carlotta podría ayudarlo. Fue hasta la habitación de su hermano, llamó a la puerta pero no hubo respuesta, giró el pomo con pesar, no quería pasar y ver una escena sexual. Metió la cabeza pero el hueco de la puerta y estaban dormidos. Entró al cuarto sin despertar a Giovanni y fue hasta el lado donde dormía Carlotta.

Cuando estuvo a su lado la tapó la boca con la mano, ella abrió sus ojos asustada.

—Shhh, soy yo. —susurró Mariano en voz baja, Carlotta lo fulminó con la mirada.

—¿Te has vuelto loco? —exclamó ella con el mismo tono de voz. —¿Quieres matarme de un infarto?

—Vamos fuera, necesito hablar contigo. —sin tener respuesta de ella salió de la habitación.

Carlotta con cuidado de no despertar a Giovanni salió de la cama y fue hasta la puerta y salió.

—¿Ahora dime, qué quieres? —dijo ella cruzándose de brazos.

—Necesito irme a Milán y no se qué decir para que no sospechen. —dijo él. —¿Tú qué me dices?

—Que a estas horas, no soy persona. —siseó ella. —Pero te ayudaré, tu déjame a mi y mañana por la tarde tienes el jet preparado.

—Vale y perdona por haberte despertado. —se disculpó, ella negó.

—Buona notte, idiota. —él sonrió y la dio un beso en la mejilla.

—Buona notte, cara. — Mariano se alejó y se metió en su habitación, Carlotta le iba ayudar a ir a Milán y hablar con el cura.

Con una felicidad enorme, Mariano se tumbó en la cama aunque no tuviera mucho sueño.

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