“No lo hice sola. La Señora me ayudó”. Sus ojos se levantaron y aterrizaron sobre Vetta: “Ella mató al Príncipe Declan conmigo”.
El Rey Lucien se quedó helado.
“¿¡Qué...!?”. Su cabeza giró y aterrizó sobre Vetta: “¿¡Qué...!?”. Repitió.
Vetta no movió un músculo. Había lágrimas en sus ojos... lágrimas de culpa y dolor. Pero, ella no dijo una palabra.
“¡La Señora no me contradice porque sabe que digo la verdad! ¡Matamos al Príncipe Declan juntas y lo disfrutamos!”. Ella se rio maliciosam