El día se le había arreglado a Victoria y a Amir, el comenzaba a filtrarse a través de las cortinas gruesas de la habitación de invitados, arrojando haces de luz sobre los muebles elegantemente tallados.
Amir estaba sentado en el borde de la cama desnudo, con la mirada fija en el suelo, mientras Victoria se acomodaba contra las almohadas, luciendo una expresión despreocupada que contrastaba completamente con la intensidad del momento anterior.
Finalmente, Amir rompe el silencio.
—Vida mía, ¿pue