El fin de semana llegó con un aire de tranquilidad inusual, pero Elena no sabía que la paz pronto se convertiría en caos controlado.
Esa mañana, Alena, su madre, y su abuela Isabelle habían decidido visitarla en su apartamento. Como era típico de ambas, llegaron sin previo aviso.
—¡Cariño! —exclamó Alena mientras entraba con un ramo de flores que parecía más adecuado para decorar un salón de bodas que un apartamento pequeño.
—Espero que no te moleste nuestra visita sorpresa, querida —añadió Isa