—Esto es increíble, no sabía que nací para complacer a mi padre.
Hades deja escapar una carcajada profunda, casi burlona, al imaginar la furia de su papá.
El eco de aquella risa resonó en la sala, donde Elena, acurrucada con un libro entre sus manos, levantó la vista con curiosidad. Aunque el sonido era casi intimidante, a ella le fascinaba ese toque de desafío que siempre acompañaba a Hades.
—¿Qué pasó? —pregunta, cerrando el libro y levantándose.
Hades le responde con una sonrisa pícara mient