Alma rota

Rafael retrocedió un paso, impactado por la fuerza del desprecio de Abigail. Podía ver que ella estaba rota, que el veneno de Zoe había encontrado cada grieta de su inseguridad y la había llenado de sospecha.

—Abi, escúchame bien —dijo Rafael, tratando de recuperar la calma aunque sus manos temblaban—. Gabriel está en la casa grande porque mi abuela usó la orden de restricción que yo no pude detener a tiempo. Pero no está conmigo. Yo ya no vivo ahí. Me echaron de la empresa, Max y Zoe me quitar
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