Una maldita semana metida en la cama, si mi compañero no era ya sobreprotector mi médico y su mejor amigo también le dieron la razón.
Entendía que había estado al borde de la muerte, pero ya hacía varios días que me sentía bien. Podía hablar con normalidad y no me dolía la garganta ni los pulmones.
Me encontraba bien mi sangre de Alfa hacía curar mis heridas mucho más rápido que las de los lobos normales. Pero eso a ellos no parecía importales.
El séptimo día de mi encierro decidí formar un