20. Compañera de celda
Martha
Seguía tirada en el suelo consolado a mi bebé, temblando pensando en todo lo que pasó en tan poco tiempo, no sé quién era ese hombre, pero se veía tan seguro y lleno de rabia de lo que decía. Si era cierto lo que decía de donde iba a sacar yo para pagarle a ese hombre, era una suma millonaria lo que le robaron y rogaba al señor que en verdad se hubiera equivocado.
—Vamos levántate —me exigió la oficial Lisset.
Ya mi niño estaba mucho más tranquilo, el padre que oficiaba la pequeña misa