21. Flamante esposa
GIO SANTORI.
Horas antes del cementerio…
Los golpes y lloriqueos resuenan en la habitación mohosa, levantó dos dedos para pedir que paren y automáticamente mi orden es cumplida.
—¿Vas hablar? —pregunté cortésmente, aunque era más una orden. No necesitaba gritar para infundir miedo, la máscara de furia en mi rostro era suficiente.
—Juro que no sé nada —decía débilmente el hombre.
—¿No sabes dónde está mi dinero? —pregunté de manera retorica.
—Lo juro, señor Santori —el hombre se veía asustado y