Max no le avisó que volvía. Simplemente tomó el primer vuelo después del funeral y aterrizó en Los Ángeles con una furia que llevaba ardiendo durante cuarenta y ocho horas sin parar. Eleanor se quedó en Inglaterra manejando los asuntos del estado mientras Charlotte le rogaba que esperara, que hablara con Anabela primero, que no hiciera nada impulsivo de lo que se arrepintiera.
Pero Max estaba más allá de la razón.
Las fotos seguían circulando por todas las redes sociale