POV Emma
El avión privado de Alejandro era obscenamente cómodo y yo lo odiaba por eso, porque habría sido más fácil mantener la cabeza fría si estuviéramos apretados en un vuelo comercial con turbulencia y un bebé llorando tres filas atrás en vez de reclinados en asientos de cuero con champán que yo no pedí y él sirvió como si fuera agua.
Llevábamos cuarenta minutos de vuelo y yo repasaba mentalmente el fin de semana como quien revisa la escena de un crimen buscando lo que se le escapó. Constan