POV Emma
Alejandro abrió la puerta en pants y camiseta, descalzo, con el pelo revuelto de alguien que se levantó de la cama hace cinco minutos y no se molestó en mirarse al espejo. Detrás de él las luces del departamento estaban a media potencia y había dos vasos de agua en la mesa de la sala, lo cual significaba que en esos cinco minutos había pensado en mí antes que en él, y ese detalle me aflojó algo que llevaba horas apretando.
—Siéntate —dijo.
—Prefiero estar de pie