CAPÍTULO 18.
POV Emma
Mi madre apareció a las siete de la noche sin avisar, tocando la puerta de mi departamento con esa forma particular que tiene de tocar que no es golpe sino declaración: estoy aquí, abre, no aceptaré un "ahora no".
La vi por la mirilla y consideré seriamente fingir que no estaba, pero Anabela Ocampo no había cruzado un océano para que su hija le cerrara la puerta en la cara y las dos lo sabíamos.
Abrí.
—Mamá. ¿Qué haces aquí?
—Vine a cenar contigo.