Capítulo 36.
En la Oficina de Santiago él sonríe burlándose de forma incrédula.
— Aitana tuvo que aparecer sola en lugar de hacerlo porque usted la encontró y ¿cree que voy a dejarlo investigar algo como esto?— Cuestiona sin poder tener un poco de fe en el estúpido trabajo de ese hombre.
El detective desvía la mirada apretando las quijadas.
Él mismo se había encargado de la investigación y no había obtenido una sola prueba de eso.
Las pistas estaban eliminadas y rastros desaparecidos.
Quien lo hubiera hecho