Capítulo 36.
En la Oficina de Santiago él sonríe burlándose de forma incrédula.
— Aitana tuvo que aparecer sola en lugar de hacerlo porque usted la encontró y ¿cree que voy a dejarlo investigar algo como esto?— Cuestiona sin poder tener un poco de fe en el estúpido trabajo de ese hombre.
El detective desvía la mirada apretando las quijadas.
Él mismo se había encargado de la investigación y no había obtenido una sola prueba de eso.
Las pistas estaban eliminadas y rastros desaparecidos.
Quien lo hubiera hecho era un profesional.
Roel se molesta.
— Te han estado robando a ti bajo las narices jugando con tus pelotas de un lado a otro y te indignas. ¿Tienes tanta seguridad que te burlas de él? — Cuestiona Roel de forma contundente. — No eres más que un muchacho malcriado al que es necesario acomodarle sus piezas en donde las debe de tener.
En ese momento Santiago grita de forma contundente.
— ¡Pero…!
Roel lo ignora.
— Le encargo al detective que encuentre al responsable y lo haga pagar. El prestigio