Capítulo 27.
En medio de la noche cuando la oscuridad se mantiene como un aliado, Damián llega a un bar en donde hay mujeres completamente encantadoras y con lencería diminuta colocadas en las paredes exteriores del lugar.
El Club Seda Roja, exclusivo, intrigante donde no cualquiera podría entrar…
Cada paso lo llevaba, con completa autoridad y confianza, los guardias no hacían el intento siquiera de registrarlo, incluso el reconocerlo significaba no molestar al rubio.
En ese momento una mujer con unas plataformas enormes se agarra a su brazo y le susurra.
— Bienvenido…
Lo guía a una habitación privada que se encuentra al fondo de todo el establecimiento y él mismo pone una clave en una pequeña pantalla hasta que hace un clic de autorización.
— Bien chica hasta aquí llegó tu caminito— declara Damián al mismo tiempo que abre la puerta entra y cierra de nuevo detrás de él.
En el instante en que se gira esa habitación repleta de sillones, joyas y dinero, lo recibe con un hombre fuerte, rapado, moren