[Punto de vista de Aurora]
El sol, alto y cruel, caía a plomo sobre el claro de tierra en el centro de las tierras de la manada.
Los guardias no me guiaron, me arrastraron. Mis pies descalzos rozaron las rocas irregulares y la tierra seca, dejando un fino rastro de sangre.
Miré hacia arriba y se me partió el corazón.
Miles de miembros de la manada estaban reunidos en un círculo enorme. El aire estaba cargado de odio. Podía oír sus susurros convertirse en rugidos.
"¡Asesino!", gritó una mujer, la