Cuando avisaron que el peligro había pasado y que ningún miembro de la familia imperial había salido herido, el corazón de Eleanor por fin pudo descansar, se apresuró a su cuarto para esperar el regreso de Emmett, sin embargo, las horas se hicieron eternas cuando no lo vio aparecer.
—Alcira, ve a preguntar de nuevo — pidió por tercera ocasión en el día.
—Tal vez venga para la cena, señorita. Estos temas son muy delicados, seguramente sigue ocupado…
—No, siento que algo anda mal, lo presiento. —