—Marisela, déjame ayudarte, si no me siento muy mal —dijo Matías al ver que Ulises se acercaba a la puerta de la cocina, él también se acercó.
Los dos hombres altos, uno a cada lado, inmediatamente bloquearon completamente la puerta.
Marisela los miró y dijo: —La cocina es pequeña, si entran ustedes no podré ni voltearme.
—Así que salgan los dos, me da mucha presión que estén parados ahí.
Imagínense, dos pares de ojos en la puerta observándola cocinar, y ninguno de los dos le resultaba muy cómod