—Gracias, Eduardo, pero no hace falta que dejen a nadie aquí. En dos días también me dan de alta —dijo Marisela.
—Precisamente porque faltan solo dos días, no cuesta nada que te cuiden un poco más —respondió Eduardo con una sonrisa paternal.
—En cuanto a Lorenzo, de ahora en adelante no tienes que preocuparte para nada por él, ya me encargué de ese asunto —añadió.
Marisela asintió al escuchar esto, y con esa garantía se sintió completamente aliviada.
Finalmente, nunca más en su vida tendría que