Pero ella había mantenido la habitación muy limpia, como un lugar puro en medio del distrito ruidoso.
—Por favor siéntate, espero que no te moleste —Isabella acercó la silla y después la movió hacia la puerta.
Daniel la tomó y se sentó, ¿cómo podría molestarle algo de su hermana?
—Tendré que pedirte que me esperes un poco, tengo bastante ropa y cosas así —dijo Isabella nuevamente, con tono algo nervioso.
Daniel asintió con la cabeza, esperando tranquilamente.
Miró la ropa que llevaba su hermana,