Al escuchar la orden severa e incuestionable del señor Cárdenas, Aurelio asintió en confirmación, preparándose para bajar a investigar.
Esta vez realmente fue culpa de Rufino, pero si había sido amenazado por Octavio o si estaba adulando al bastardo, estos dos casos tenían resultados completamente diferentes.
—Señor Cárdenas, el almuerzo de hoy que pedimos sigue siendo del restaurante tres estrellas Michelin, cuando llegue se lo traeré —dijo Aurelio.
—No voy a comer, puedes quedarte con mi porci