No era vidrio. Por el color, debería ser un cristal azul natural, que originalmente debía valer una fortuna, pero ahora al estar hecho pedazos se había vuelto inútil.
Aurelio frunció ligeramente el ceño. Él era el asistente del señor Cárdenas, aunque acababa de presenciar la patética apariencia de este hijo bastardo, tampoco sentía mucha compasión.
Porque el otro había transgredido primero, y un bastardo debería tener la conciencia de un bastardo. ¿Cómo podría el señor Cárdenas darle la bienveni