—Si decides comprarme algo por tu cuenta, lo enviaré directamente por paquetería a tu casa —agregó Marisela.
Celeste se sintió indefensa.
—Está bien, está bien, realmente me has vencido.
Celeste suspiró profundamente, con una expresión de total resignación e impotencia.
Marisela quedó satisfecha.
Las dos entraron al centro comercial, mientras paseaban, Marisela finalmente hizo la pregunta que la había estado atormentando:
—...¿Por qué Ulises quiere comprarme cosas de repente?
—Ya no me molesta m