—Cuando despierte lo encierro directamente, si tiene la cabeza puesta solo en asuntos amorosos, entonces tampoco necesita ir a trabajar —dijo Eduardo con cara fría.
—¿No ha pedido Octavio varias veces que su hijo ilegítimo venga a la central para entrenarse? Se lo voy a aprobar.
Al escuchar esto, el mayordomo se quedó totalmente atónito.
—Don Eduardo, no actúe impulsivamente, el señor solo está confundido por el momento, no ha afectado su trabajo —se apresuró a decir el mayordomo.
Eduardo había