Dicen que el rostro de una mujer es cambiante, pero el de un hombre puede cambiar aún más. Ayer podía llorar hasta desgarrar los cielos, y hoy parecía un tirano, con una actitud completamente dominante.
Pero sin importar cuál fuera la cara que mostrara Lorenzo, ya no tenía nada que ver con ella. Mañana, después de la audiencia, ella y él quedarían completamente separados, sin reconocerse mutuamente.
A un lado, viendo a la mujer alejarse con tanta frialdad, como si él fuera un extraño cualquiera,