Después de terminar de ordenar, se sentó en la cama y comenzó a divagar, recordando vagamente su época de instituto.
Realmente debía agradecer a Isabella; si no hubiera sido por ella, no habría salido tan rápido de la sombra que dejó la muerte de su madre.
Por eso siempre había estado convencido, incluso autoengañándose, de que la amaba.
Pero cuando comenzaron a salir, pudo confirmar que eso no era amor, aunque le tomó varios años entenderlo completamente, y por eso falló y lastimó a Marisela.
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