Celeste pensaba que podría intercambiar su libertad personal por revelar el secreto del plan de Samuel, pero nunca imaginó que Lorenzo no seguiría las reglas comunes de pensar. Ella estaba tan furiosa que ya no era capaz de articular ni una sola palabra. Frunció el ceño con terquedad y rebeldía en su rostro.
Lorenzo lo notó. La reacción de la joven despertó su deseo de conquistarla. Con dedos elegantes, agarró su barbilla y la besó apasionadamente.
—¡Suélta…me!
Celeste se resistía con sus manos