Celeste se sentó a su lado y le dijo:
—Jefe, tengo algo que decirte.
—Hum.
Celeste extendió la palma de su mano, revelando un frasquito blanco y un cheque mientras le explicaba:
—Hoy tu hermano mayor me buscó y me pidió que te envenenara. Me dio estas cosas, el veneno y el cheque.
Lorenzo se sorprendió y la miró fijamente sin decir nada. Su extraña mirada confundió a Celeste:
—¿No me crees? ¡Realmente es un veneno! No estoy mintiendo.
Lorenzo, por supuesto, sabía que era veneno. Frunció el ceño