Las burlas y el desdén de Lorenzo le causaban poca molestia; sin embargo, las palabras de Celeste lo herían como mil agujas atravesando su corazón.
Ella había dicho que estaba con Lorenzo porque lo quería.
La voz de Celeste estaba llena de dulzura, como la de una chica enamorada, sin ningún rastro de miedo o sumisión.
Era simplemente una joven feliz en su relación.
Ya no había más que decir. Lorenzo perdió el interés en seguir mirando la cara de Jacob, y con una actitud relajada, tomó su teléfon