—Ya tienes lo que necesitas. Ahora pueden irse —Lorenzo no perdió el tiempo en despedirlos con frialdad, preocupado por Celeste, que aún estaba débil y no debería estar lidiando con estos asuntos tan pronto.
—Prepárenme una habitación en la sala frente a la de Celeste —ordenó Samuel a sus asistentes.
Lorenzo frunció el ceño, su tono se volvió aún más frío.
—¿Planeas quedarte aquí?
—Hay un montón de periodistas afuera. ¿No te parece raro que si mi novia está hospitalizada, me vaya a los veinte mi