Lorenzo la sostuvo con más fuerza, su mirada se volvió más gélida. Samuel, sin inmutarse ante la evidente territorialidad de Lorenzo, la miró y preguntó:
—¿Te sientes mejor?
Celeste, incómoda pero sin querer ser descortés, asintió con una sonrisa leve.
—Sí.
Samuel soltó una risa sarcástica.
—Tienes suerte de estar viva, o algunos ineptos habrían sido responsables de tu muerte.
Sus palabras estaban llenas de veneno. Lorenzo frunció el ceño, su mirada se endureció aún más.
—Si no quieres que te sa