Celeste pensó que ese hombre no podía decir dos palabras sin perder la seriedad.
No tenía intención de prestarle atención.
Lorenzo la abrazó mientras se sentaba en el sofá y llamó a Andrés para que organizara la comida y ropa limpia.
En poco tiempo, el personal de servicio trajo una serie de exquisitos platillos, llenando la amplia mesa de comedor con todas las comidas favoritas de Celeste.
—Señor Vargas, aquí tiene su ropa —dijo Andrés, colocando la bolsa con la ropa sobre el sofá y continuó, c